Soy Rodrigo, la mente detrás de Rodriguin Studio. Mi trabajo no nace de un pincel, sino de la escritura de algoritmos y el diseño de sistemas que exploran la intersección entre la matemática, la estadística y la emoción. Mi formación como economista y programador me permite utilizar el rigor de los datos para buscar una belleza que, aunque generada por reglas lógicas, se sienta profundamente humana.
A diferencia del arte digital tradicional, mi proceso se basa en el Creative Coding: desarrollo lenguajes propios que permiten al azar generar composiciones únicas. Pero este camino no lo recorro solo.
Me acompaña Valentina, mi musa y pilar fundamental. Como diseñadora industrial y web, Vale (o Lilo, como le digo yo) aporta una visión artística crítica en la curaduría de cada colección. Ella es quien me ayuda a "navegar el infinito": de entre las miles de iteraciones que genera el código, seleccionamos juntos solo aquellas piezas que logran capturar un ritmo, una armonía o un sentimiento real.
Lilo es también la responsable de la dimensión física de la obra. Ella supervisa personalmente cada impresión Fine Art, gestiona los enmarcados de alta calidad y diseña la experiencia visual de este espacio. Su ojo técnico garantiza que la precisión del algoritmo se traduzca perfectamente al papel de algodón y a la madera.
Cada obra en esta tienda es el resultado de ese equilibrio entre mi código y nuestra visión conjunta, organizada según su nivel de exclusividad:
Series Abiertas: Impresiones en papel Fine Art pensadas para habitar espacios cotidianos. Son nuestra puerta de entrada al arte algorítmico, producidas con estándares de alta fidelidad cromática.
Ediciones Limitadas: Series temáticas (como Viaje del Wabi Sabi) con una tirada estricta de solo 20 impresiones por obra. Cada pieza se entrega firmada y con su correspondiente certificado de autenticidad.
Piezas Únicas 1/1: Piezas irrepetibles. Existe una sola impresión física en el mundo. Representan la singularidad máxima de nuestros algoritmos y se producen en gran formato con calidad de museo.
Desde nuestro estudio en Mendoza, priorizamos la durabilidad y la textura. Utilizamos tintas pigmentadas (Giclée) y papeles seleccionados por su gramaje y fidelidad. Creemos en el arte con intencionalidad: el código genera, pero la mirada humana es la que decide qué obra merece existir.
